Conocí a Javier a finales de los ochenta. Era Cambra un tipo especial: ingenioso, agudo, sumamente inteligente, culto, divertido, pero también difícil de llevar. Su carácter indomable le jugó malas pasadas y todas las cualidades antedichas no le sirvieron para lo que se llama triunfar en la vida. Licenciado en Filosofía pura, se ganó la vida, a duras penas, con el periodismo y con la crítica musical, fundamentalmente de jazz y étnica. Era un gran conocedor de ambos géneros y escribía muy bien y con un estilo personal e inconfundible, Trabajó en “Mundo Obrero”, “La Calle”, “El País”, “El Sol”, “El Europeo”, “El Urogallo”, ”Elle”, “La Razón” , “Jazz entre amigos” de TVE y “Radio 3”. Durante su etapa universitaria, su militancia comunista le hizo conocer la cárcel y allí a Marcelino Camacho. Tiempo después, como tantos otros, fue un descreído de la política, aunque de izquierda sin partido. Durante su estancia en Nueva York se ganó la vida trabajando como friegaplatos. Ganarse la vida entonces era para mi amigo, comprar discos e ir a los clubes de jazz. Aunque catalán, era mas madrileño que otra cosa, eso sí, del Barsa.

Congeniamos al poco de conocernos y con frecuencia me visitaba desde sus Madriles y pasaba unos días en casa. En esos encuentros no faltaban  nunca largas  conversaciones, a veces serias, otras más divertidas, repletas siempre de ironía y dobles sentidos. Randy Weston, Abdullah Ibrahim, Dexter Gordon, Fairuz o Miles Davis, solían poner la banda sonora de nuestras charlas. Un buen Ribera o un Bourbon, a palo seco y el humo permanente de sus “cigarrillos”, contribuían a crear el ambiente. A veces las conversaciones se prolongaban hasta altas horas de la noche y puede que hubieran comenzado con el aperitivo. Javier de Cambra dirigió el mejor Festival Internacional de Jazz  de Málaga de sus más de treinta ediciones. Corría el año 1.995. Un año antes volvía yo, con mi mujer de entonces,  de Praga y hacía noche en Madrid. Casualmente nos encontramos en el  Café Jazz Populart de la calle Huertas. El tren a Málaga salía a las doce de la mañana. Además del Populart,  estuvimos en “El Candela” y no sé que otros sitios mas, antes de desayunar unos hojaldres. En el Hotel solo durmió el equipaje.

De nuestros encuentros tanto en Málaga, como las últimas veces en Madrid recuerdo anécdotas muy divertidas.

Le debo mucho a Cambra. Me enseñó y me descubrió mucha música. Reí mucho con él.  No le conocí pareja seria, que no fuera la soledad. Nunca me dijo que la necesitara. Era un gran despistado y nunca se cuidó. Tal vez eso fue la causa de que un 3 de enero de 2.014 nos dejara. Me enteré de la noticia al día siguiente por Radio 3. Ese mismo año se le rindió un homenaje en el Circulo de Bellas Artes de Madrid, al que acudieron Randy Weston y muchas figuras nacionales del jazz.. Fue un gran amigo. Ese amigo del alma.

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